Habían pasado casi dos lunas desde la confirmación de su embarazo. Dos lunas de crecimiento silencioso, de cambios sutiles pero implacables. Aeryn se miraba al espejo cada mañana con un tipo de asombro que no se atrevía a decir en voz alta. Su vientre, antes plano y fuerte como una tabla de guerra, comenzaba a curvarse con una redondez suave. El fuego en su interior seguía allí, latente… pero ahora acompañada de un nuevo calor: un latido distinto, más profundo.
No había tenido relaciones con Da