Capítulo 48: Las Sombras No Duermen

La sala baja del antiguo ala del consejo olía a incienso de raíces oscuras y a estrategias podridas.

Aldrik se mantenía de pie junto a la mesa de mármol negro, los dedos trazando líneas invisibles sobre el mapa de la manada. Frente a él, Elaria aguardaba en silencio, el ceño fruncido, los brazos cruzados. Su cabello dorado caía sobre los hombros como una corona torcida, y en sus ojos ardía un fuego diferente al de Aeryn: uno hecho de envidia y ambición.

—Así que parte esta semana a su nuevo p
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