El calabozo bajo el bastión principal olía a hierro oxidado, sudor y tierra húmeda. Las antorchas crepitaban con pereza mientras Nerysa y Cael descendían las escaleras de piedra. El silencio se espesaba a su alrededor, como si la fortaleza supiera que algo oscuro estaba en juego.
Frente a ellos, alineados y esposados, estaban Marrek y los guerreros implicados en el ataque a Aeryn. Ninguno bajó la mirada. Marrek, en particular, mantenía la cabeza en alto, el mentón tenso y los labios sellados co