Capítulo 22: La Jaula de Cristal

El silencio era más pesado que las paredes de piedra.

Aeryn había dejado de contar los días. O las lunas. O las veces que se había despertado empapada en sudor, con el corazón desbocado y el pecho ardiendo de rabia. La Torre Sombría era cómoda —si se podía llamar así a una prisión con sábanas limpias, comida caliente y una vista privilegiada de toda la fortaleza—, pero seguía siendo una jaula.

Una jaula con barrotes invisibles y un nombre bordado en cada uno: Consejo. Tradición. Miedo.

Nadie
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