La luz de la mañana entraba tibia por la claraboya, como si supiera que algo sagrado estaba por suceder.
Darien abrió los ojos.
No de golpe. No con sobresalto. Fue un despertar lento, profundo. Como si emergiera desde el fondo de un lago cálido y ancestral. Lo primero que sintió fue el peso ligero sobre su pecho. Un calor familiar, conocido. Y el olor… el olor que lo atravesó como un latido nuevo.
Nyrea.
Y algo más.
El suave aroma de leche y piel nueva, el susurro de una respiración pequeñ