El viento golpeaba las torres de Lobrenhart con fuerza huracanada. Afuera, la tormenta había alcanzado su punto más alto. La lluvia caía con violencia contra los ventanales, y los truenos ya no parecían parte del cielo, sino del corazón mismo de la fortaleza.
Darién estaba recostado junto a Nyrea, su brazo envolviéndola mientras su mano seguía acariciando su vientre, como había hecho durante horas. Ella estaba callada, apenas murmuraba respuestas entre respiraciones irregulares. Su cuerpo estab