Habían pasado poco más de tres semanas desde la partida del Alfa Kaelrik hacia Vyrden.
El tiempo, en Brumavelo, no se había detenido. Todo lo contrario: parecía correr con la fuerza de un río desbordado.
Bajo el liderazgo conjunto de sus dos Alfas —Nyrea Ignarossa y Darién Lobrenhart— la manada prosperaba más allá de cualquier predicción.
La aldea ya no era solo un refugio de exiliados y leales. Era una comunidad vibrante, en plena expansión. Se habían levantado nuevas viviendas con madera d