El momento había llegado.
—¡Ya está completamente dilatada! —gritó Tarsia, con los brazos preparados y el rostro tenso por la concentración—. ¡Nyrea, a la cuenta de tres… empuja!
Nyrea asintió con los labios apretados por el dolor. Sus manos apretaban con fuerza las de Darién, quien sudaba, jadeando, con la piel ardiente como si también estuviera en trabajo de parto. Cada contracción que sacudía el cuerpo de Nyrea, también lo atravesaba a él. Estaban conectados de forma brutal y mágica.
—Uno… d