—¿Qué era eso? —preguntó Leandro de pronto, mirando fijamente la pantalla donde se veía claramente cómo Renata salía de su oficina con los ojos enrojecidos, dejando caer un documento en el bote de basura.
El asistente, que solo había traído los videos por solicitud rutinaria, se quedó paralizado. El lobo de Leandro ya mostraba signos de impaciencia: ojos rojizos, mandíbula tensa, uñas afiladas bajo la piel.
—Creo… creo que era algo del hospital. Llevaba el logotipo del hospital de la manada.
Lea