Capítulo 38.

A pesar de haberle devuelto el broche a su bolso con la agilidad de una sombra, subestimé lo retorcida que podía ser la mente de alguien que ha nacido entre conspiraciones, las tías de Nicolás no querían mi salida; querían mi humillación pública para que nadie en la ciudad se atreviera a contratarme de nuevo.

Apenas puse un pie en el vestíbulo principal, donde el personal de cambio de turno y algunos familiares de pacientes se congregaban, el ambiente se congeló.

— ¡Detengan a esa mujer! — el g
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