El laboratorio estaba sumido en un silencio gélido, roto solo por el clic metálico de los instrumentos que yo manejaba con una torpeza nacida del cansancio. Sentía la mirada de Nicolás clavada en mi nuca, una presión física que me erizaba el vello de los brazos... Estaba sentado en su escritorio, fingiendo revisar unos gráficos pero sus ojos dorados no se movían de mí.
Finalmente, la tensión rompió mi paciencia. Solté el portaobjetos sobre la mesa con un golpe seco y me giré bruscamente hacia é