Capítulo 18.

El trayecto a casa fue una tortura de la que no estaba segura si quería escapar.

Nicolás, fiel a su naturaleza impulsiva y obsesiva no se quedó quieto en el asiento trasero.

Durante casi todo el camino sus manos buscaron el contacto con una urgencia que me cortaba la respiración. Sus dedos se deslizaban por mi cuello, rozando la piel sensible detrás de mi oreja para luego bajar con una lentitud desesperante por mis hombros y...

— Concéntrate en el camino, Freya — susurraba cerca de mi nuca, mie
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