Capítulo 16.
El silencio en la habitación del patriarca fue interrumpido únicamente por el sonido rítmico de un reloj de pared y el esfuerzo de unos pulmones cansados. De pronto, un ataque de tos violento sacudió el cuerpo del anciano, quien se cubrió la boca con un pañuelo de seda que quedó manchado con un rojo carmesí brillante.
Nicolás se acercó con paso firme pero silencioso. En su mano sostenía un pequeño frasco de cristal que contenía un líquido ambar.
— Toma esto — dijo con voz grave, extendiendo el