Capitulo 15.
El silencio en la biblioteca se volvió denso, pero ya no era hostil sino que era una atmósfera cargada de una intimidad que me incomodaba más que los gritos de sus tías por alguna razón.
Pero no era una mala sensación.
Nicolás se quedó de pie frente a mí, observando el caos de libros sobre el escritorio y luego clavando sus ojos en la máscara que cubría mi rostro. Se acercó con una lentitud sigilosa, acortando el espacio hasta que pude sentir el calor que emanaba de su cuerpo.
— ¿Por qué sigues