Capitulo 52.
El mundo se movía en ráfagas de luces blancas y sonidos metálicos. Me encontraba en una camilla, rodeada de voces suaves que intentaban desesperadamente bajarme las pulsaciones.
— Tranquila, señorita Freya. Estás en la unidad médica de élite. Nadie va a entrar aquí sin autorización — decía una enfermera, pasándome una compresa fría por la frente.
Mis ojos todavía irritados por los lentes de contacto que me negaba a quitarme por puro pánico, escaneaban cada rincón de la habitación. No sentía ese