Capitulo 51.

Me quedé petrificada, apretando mi brazo herido contra el pecho mientras veía a esa enorme bestia gris acercarse. La sangre de mi atacante aún goteaba de su hocico, tiñendo el suelo de un rojo denso y oscuro. Cerré los ojos, encogiéndome sobre mí misma, esperando que las mandíbulas que acababan de destrozar a un Alfa se cerraran ahora sobre mi garganta.

Pero el impacto nunca llegó.

En lugar de colmillos sentí el contacto húmedo y cálido de su hocico contra mi frente. El lobo empezó a darme pequ
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