Capítulo 50.

El terror que sentí en ese momento no se parecía a nada que hubiera experimentado antes.

Frente a mis ojos el hombre se quebró. Sus huesos crujieron con un sonido seco, su mandíbula se alargó y el vello brotó de su piel como agujas oscuras hasta que en su lugar quedó una bestia de ojos inyectados en odio.

No se veía como un lobo de leyendas, majestuoso y noble.

Era una criatura deformada por el hambre, una pesadilla de pelaje oscuro que no buscaba reclamarme, ni marcarme, ni hacerme su compañer
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