69.

El mundo se detuvo, pero no fue un silencio pacífico. Fue el silencio que precede al impacto de un rayo.

Nicolás no gritó. No rugió. Lo que salió de su garganta fue un sonido seco, un chasquido de poder que hizo que el aire alrededor de nosotros se volviera pesado como el plomo. Sentí sus manos sobre mí, pero no para levantarme con ternura, sino para apartarme con una fuerza controlada, asegurándose de que yo estuviera fuera del radio de la carnicería que estaba a punto de desatarse.

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