68.

El soldado me sostuvo con firmeza, impidiendo que me pusiera en pie. Su voz era una mezcla de urgencia y una cautela que me hizo erizar la piel.

— La situación es extremadamente delicada, señorita — dijo, sin mirarme a los ojos, concentrado en la comunicación de su casco — No puedo darle detalles ahora, pero mis órdenes son claras: debo llevarla a un refugio seguro de inmediato. El puerto no es lugar para usted.

Intentó levantarme de nuevo pero un frío súbito me recorrió la columna vertebral. N
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