70.
El estruendo de la carnicería final se desvaneció, dejando tras de sí un silencio pesado, solo interrumpido por el jadeo animal de Nicolás y el sonido del mar golpeando el muelle. Nicolás permanecía de pie frente a los restos de lo que alguna vez fue un hombre con las manos temblando.
Fue entonces cuando la oscuridad del puerto se llenó de nuevo con el movimiento coordinado y silencioso de la unidad de élite.
— ¡Perímetro asegurado! — la voz del comandante resonó, firme y sin emociones, rompien