Capítulo 86. El vacío en la bodega.
La noche había caído, el aire era denso, cargado de humedad y del rumor lejano de motocicletas que se cruzaban en la carretera. La finca estaba en silencio absoluto: nadie dormía, nadie hablaba de otra cosa que no fuera el operativo.
Camilo había desplegado un mapa sobre la mesa. Renata, con el dossier de Eloísa abierto frente a ella, señalaba con un bolígrafo la zona industrial al norte de la ciudad.
—Aquí. Una de las bodegas que el Arconte usa para mover insumos. Según la información, hoy mismo hubo movimiento inusual: camiones entrando, cargadores descargando cajas a horas en las que no debería haber actividad.
Alejandro se inclinó sobre el mapa, con el ceño fruncido.
—Si Iris está en Medellín, tiene que estar ahí.
Valentina, con las manos heladas, apenas podía sostener la taza de café que llevaba horas sin probar.
—¿Y si es una trampa?
Camilo contestó con la calma gélida de quien había planeado demasiadas operaciones arriesgadas:
—Siempre es una trampa.
Se dividieron en dos camion