Capítulo 8. El hombre que volvió de entre muertos.
El día después del secuestro de Julián, Emilia amaneció con el alma hecha trizas y una rabia distinta latiendo en la sangre. La maternidad se le había convertido en armadura. El miedo, en cuchillo.
A las diez de la mañana, una carta sin remitente fue deslizada por debajo de la puerta. Papel grueso. Tinta negra. Un nombre escrito en letra firme: Nicolás Valbuena.
Abajo, solo una línea:
“Tu esposo me traicionó. Pero también lo traicionaron a él. Nos vemos hoy. Café Los Robles. Dos de la tarde. Ll