Capítulo 53. Una mujer de fuego.
Medellín tenía un aire distinto en la madrugada, una mezcla de humedad y pólvora contenida, de silencio quebrado por motores lejanos y murmullos en las esquinas. Iván Guerrero llevaba dos semanas oculto en un apartamento sobre las laderas de Belén, lejos de los ojos que lo querían muerto y de los que aún no entendían si era un aliado o un traidor. Desde la ventana podía ver las luces titilando en los barrios de arriba, como si el peligro estuviera iluminado.
Encendió un cigarro, algo que había