Capítulo 51. El juicio.
El edificio del Congreso lucía distinto aquel día. No era solo el refuerzo de seguridad, ni los cordones policiales que bloqueaban las entradas con su habitual arrogancia. Era el aire. Una vibración espesa, como si el mármol y los pasillos supieran que estaban a punto de presenciar algo irrepetible.
Antonia Rivas caminaba con paso firme, vestida de negro como si acudiera a un duelo. Llevaba un blazer ajustado, el cabello recogido en una coleta baja y una carpeta en la mano. En ella, los documen