Capítulo 10. Fuego cruzado.
Las paredes grises del centro de reclusión femenina olían a humedad, lejía y resignación. Emilia las recorrió sin titubear. No llevaba maquillaje, ni ropa llamativa. Jeans, chaqueta de cuero, botas negras. Nada que pudiera delatar lo que llevaba por dentro: rabia contenida, miedo en forma de cuchilla y un nuevo vértigo que se parecía demasiado al poder.
Clarabella estaba al otro lado del vidrio de seguridad. Pelo recogido a la fuerza, sin aretes, con un uniforme beige que le quitaba toda coquet