El camino desde la Plaza Mayor hasta el apartamento de Víctor en Chamberí era una caminata tranquila bajo el cielo nocturno.
Darcy iba adelante, saltando entre las líneas de las aceras con su conejo de peluche gris colgando de una mano, mientras Ariadna caminaba a su lado, la bufanda gris rozándole la barbilla. Las dos charlaban cómodamente, sus voces llenando el aire fresco con una mezcla de risas y preguntas infantiles.
—¿Tú crees que las luces son mágicas de verdad? —preguntó Darcy, girándos