Ya había pasada la medianoche tras la cena en La Casa del Olivo, y el apartamento de Víctor estaba en calma. Al otro lado de la línea, la voz de su madre, Camila, vibraba con una emoción que no podía contener.
—¡Ay, Ari, me tienes el corazón en la boca! —dijo Camila, su tono subiendo con cada palabra mientras Ariadna le contaba sobre la cena, el vestido verde de Darcy, el cochinillo crujiente y las miradas que había compartido con Víctor bajo las velas—. ¡Se escucha que estás brillando, hija!
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