El hospital tenía ese característico olor a desinfectante mezclado con el leve aroma de café de máquina expendedora. Ariadna caminaba al lado de Maximiliano con los brazos cruzados sobre su vientre, como si de algún modo pudiera proteger lo que aún no terminaba de asimilar que tenía dentro. Desde que habían llegado, él no se había separado de ella, manteniéndose a su lado, como si temiera que en cualquier momento fuera a salir corriendo.
Lo cierto era que Ariadna también lo pensaba. No estaba li