Maximiliano se quedó inmóvil, con el teléfono aún en la mano y la llamada terminada. Sus pensamientos se agolpaban de forma caótica.
¿Leonardo Valdés, el padre de Ariadna, lo había llamado a él? ¿Y por qué demonios lo estaba citando en un hospital con una supuesta "emergencia"? La palabra resonaba en su cabeza, llena de implicaciones.
Amelie, sentada frente a él, frunció el ceño al notar el cambio en su expresión.
—¿Estás bien? —preguntó, dejando su tenedor a un lado. Su tono tenía un tinte de