El bullicio de la calle se desvaneció cuando Ariadna, Víctor y Darcy cruzaron el umbral de La Musa, el calor del restaurante envolviéndolos como un abrazo.
Las mesas al aire libre seguían llenas, pero ellos eligieron una al fondo, cerca de una ventana con vistas a las luces navideñas que colgaban como guirnaldas en el barrio de las Letras.
Víctor bajó a Darcy al suelo, sus botas resonando mientras corría hacia el asiento junto a la ventana, el conejo de peluche gris colgando de su mano como un