El sonido del agua cayendo contra los azulejos llenaba la habitación, creando un eco suave y constante. Maximiliano estaba bajo la ducha, dejando que el agua tibia recorriera cada músculo de su cuerpo. El vapor comenzaba a empañar el espejo y la puerta de vidrio, envolviendo la escena en un aire denso y cálido.
Se pasó una mano por el rostro, sintiendo la humedad deslizarse por su piel. Había despertado temprano, pero no quiso moverse demasiado para no despertarla. La noche anterior aún estaba