Había elegido mi camino, y con Camila en el ático, las cosas empezaban a sentirse reales. Esa noche, después de otra sesión intensa con ella —sus gemidos aún frescos en mi memoria—, decidí que necesitaba un respiro. No solo por el estrés de los negocios, sino para enfocarme en nosotros. Valdés Empresas podía sobrevivir sin mí una semana; Richard se encargaría de lo esencial. Llamé a Elena y le di instrucciones claras: cancelar todo, preparar el jet para un viaje sorpresa. Quería mostrarle a Cam