El ascensor subió con esa lentitud exasperante que siempre tenía cuando estaba ansioso, como si supiera que cada piso era un paso más cerca de la conversación que podía cambiarlo todo. El maletín en mi mano se sentía como plomo, la carpeta del contrato dentro de él un recordatorio constante de la batalla que acababa de librar con Richard. Había firmado, sí, pero cada trazo de la pluma había sido una lucha interna.
¿Cómo explicárselo a Camila? ¿Cómo decirle que, a pesar de todo lo que sentíamos,