Me senté en el borde de la cama esa mañana, observando a Camila mientras dormía. El sol entraba a raudales por las ventanas del ático, bañando su rostro en una luz que hacía resaltar sus pecas como constelaciones diminutas.
Su mano descansaba sobre su vientre, un gesto inconsciente que me hacía sonreír cada vez que lo veía, lo hacía desde que supo que estaba embarazada; empezó a lucir nerviosa desde la noticia, pero también se le veía más feliz.
Habían pasado solo un par de días desde la confir