Un contacto en el aeropuerto me dijo que compró un billete a Valtris, su pueblo ficticio, un lugar que no aparece en los mapas pero que mi equipo localizó en horas. Su madre. Esa fue mi pista. Su mensaje, “Sé lo de tu madre. Déjame ayudarte,” quedó sin respuesta, y ahora estoy aquí, con el teléfono en la mano, marcando sin éxito.
—Javier, prepara el jet —ordeno por teléfono a mi piloto, mi voz afilada—. Valtris, ahora. Busca el aeródromo más cercano.
—¿Valtris? —pregunta, confundido—. No está e