El ascensor se abre en el piso sesenta, y mi corazón se acelera antes de que mis pies toquen el mármol de la oficina. Algo no está bien. La reunión con los inversores asiáticos fue un borrón, mi mente atrapada en Camila, en su risa durante el desayuno, en cómo sus dedos se enredaron en los míos bajo el agua de la ducha. Pero ahora, al entrar, el aire se siente vacío. Su presencia, esa chispa que llenaba cada rincón, no está.
—Cherry —llamo, mi voz resonando en la oficina. El escritorio está int