Hablemos de tu esposo.
Maximiliano subió las escaleras con pasos firmes, pero en su interior estaba más agotado que nunca. El día había sido una sucesión de tensiones, enfrentamientos y decisiones apresuradas. Demasiado apresuradas.
Pero en sus labios aún tenía el sabor de su bese. De ese beso.
Él la besó, quizás como un posible cierre o como algo que él necesitaba. Pero esa necesidad desaparecía de inmediato, desde que pensaba en Amelie.
Cuando llegó a su habitación y abrió la puerta, la encontró allí, como temía y