Maximiliano revisó por última vez su reloj y luego el horario de su vuelo. Dos horas. El tiempo suficiente para llegar al aeropuerto, registrar sus maletas y salir de Londres para siempre. Apenas había tenido un respiro desde todo el caos que se desató en los últimos días, pero una cosa era clara: necesitaba salir de allí. El peso de las miradas, los murmullos en el hospital y la humillación de ser arrestado en público todavía le pesaban en los hombros.
Aunque la acusación fue retirada, el daño