Ariadna permanecía en la acera frente al aeropuerto, rodeada por el bullicio de la ciudad, pero sintiéndose completamente sola. El mensaje de su madre había sido breve y distante, una señal clara de que no debía esperar un recibimiento cálido. Ajustó la tira de su bolso, el único objeto que había logrado llevar consigo en su apresurada partida, y dejó escapar un suspiro. No tenía maleta, ni ropa, ni siquiera una idea clara de lo que la esperaba en Valtris. Todo lo que tenía eran sus pensamiento