Ariadna se despertó temprano, todavía ajustándose a la incomodidad del sofá cama donde había pasado la noche.
Había dormido mal, con el cuerpo tenso y la mente ocupada, preguntándose cómo había terminado en esa situación.
Cuando su madre la llamó desde la cocina para que se preparara, Ariadna tardó unos minutos más de lo necesario en levantarse. Sabía que ese día marcaría el comienzo de algo que prefería evitar: adaptarse.
—Vamos a salir temprano. Tengo que ir al trabajo después, así que mejor