Margaret llamó a la puerta con un toque débil. Insistió varias veces. Ya se marchaba cuando se abrió la puerta a sus espaldas.
— Buenos días.
Reconoció su voz de inmediato. Se giró y allí estaba. Se echó sobre él, abrazándolo con fuerza.
— Pensé que te había pasado algo horrible — Susurró entre sollozos.
Dairon no la abrazaba de vuelta. Se separó de él y notó entocnes en su rostro una mirada diferente.
— ¿ Qué haces aquí hijo? ¿ Estás bien?
— Él me advirtió que gente como usted vendría. Que