Apenas abrió los ojos, su primer pensamiento fue para él.
— Dairon… — Susurró intentando sentarse en la cama.
— Shh… tómeselo con calma — La palma áspera del comisario se posó sobre su pecho obligándola a recostarse. — Tiene usted suerte de que la encontrara, aquella dichosa cabaña está bien profundo en el bosque. Yo mismo tuve problemas para hallarla y no creo que hubiese sobrevivido otra madrugada dando tumbos entre los árboles, arrastrando el peso muerto que llevaba consigo.
— Dairon… ¿