— Bienvenida, hija — . La abrazó a la entrada, acarició el cabello del niño dormido en su hombro y abrió la puerta para dejarlos pasar.
— Lo…lo siento. No sé dónde está, la policía me me obligó…perdóname.
Dairon no estaba a su lado, pero su fantasma siempre iba con ella, recordándole lo que la insistencia del capitán y la amenaza de no ver nunca más a su hijo la obligaron a decir.
Al principio habló en monosílabos, reacia a escupir las palabras, pero luego, sin darse cuenta; todo lo que habí