— Sigo soñando con ella.
— ¿ Qué dices ? — preguntó Vásquez atragantándose con el trozo de carne que devoraba.
— Bueno, creo que es ella, no puedo estar seguro. Es una chica hermosa. De cabello largo y ojos brillantes. Me sonríe vestida de novia, como si esperara por mí en el altar, pero nunca soy capaz de alcanzarla.
— Sabrá Dios el desorden que tiene tu mente como para andar soñando semejantes tonterías.
— El caso es, amigo mío, que cuando sueño con ella despierto con el pecho adolorido.