— ¿ Cómo te llamas?
La prostituta movió la cabeza de lado a lado sacando de nuevo su cajetilla de largos y graciosos cigarrillos.
— A usted no le interesa mi nombre. — La miró de arriba a abajo. — Le interesa encontrarlo, ¿ o no? —. Preguntó sacando chispas de un viejo mechero para encender el cilindro de nicotina entre sus labios.
Margaret asintió entrelazando las manos sobre su regazo.
— Está en casa de un hombre muy peligroso. Lo he visto con él.
— ¿ Quién? ¡ Por favor dímelo!
La p