El silencio no es incómodo. Es otra cosa. Es como si el tiempo hubiera decidido estirarse solo para nosotros, para que cada segundo dure más de lo que debería.
Pido lo primero que veo en la carta. Un capuchino. No porque quiera café, sino porque necesito hacer algo con mis manos. Brayan pide lo mismo, pero añade algo más en voz baja al camarero, que asiente y se retira con esa sonrisa medida que no logro descifrar.
—¿Puedo preguntarte algo? —dice él, apoyando los c