Alessandro movía la pistola de un lugar a otro, disfrutaba ver como Elena se consumía en el terror que él causaba en ella; recostó su trasero sobre una pequeña mesa, levantó la mano que estaba libre y los señaló como si fueran la cosa más pequeña.
—Por fin pude llegar hasta el escondite de mamá rata y sus pequeños, tú y estos niños son los culpables de que haya perdido a Leonardo, mi hijo, mi gran orgullo, todo lo perdí... Mis planes se fueron al carajo porque decidiste aparecer en su vida.
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