Los días fueron transcurriendo, Elena se mostraba bastante inquieta, recorría la propiedad varias veces en el mismo día, en las noches no podía conciliar el sueño fácilmente, aquel encierro se había convertido en una completa tortura.
Por motivos de seguridad Marcello había incrementado la seguridad de la propiedad, era de noche y Elena permanecía sentada bajo las estrellas con una bata sobre su cuerpo y en su mano una taza de aromática para tranquilizarse.
—Señora, no quiero ser imprudente,