Al día siguiente Elena se levantó agotada, las pesadillas hacían que sus noches fueran eternas y difíciles de conciliar el sueño, se sentó en el borde de la cama, su cabeza dolida.
La puerta se abrió repentinamente, Anna ingresó se encontraba lista para salir a la escuela, se lanzó sobre Elena y la abrazó, ella le brindó un cálido beso en su cabeza..
—Siento mucho lo que sucedió ayer, lamento no haberte podido acompañar —se excusó Elena.
—No fue tu culpa, a papá le molesta tu estado de salud,