La habitación blanca
El silencio era espeso como la nieve recién caída. En aquella habitación blanca, iluminada por una luz estéril y constante, el zumbido de los monitores parecía una respiración artificial. Afuera, el viento ártico golpeaba las ventanas con ráfagas violentas, como si quisiera entrar y arrastrarlo todo.
Logan Belmont se despertó de golpe.
Su cuerpo se tensó, los músculos protestaron, y por un momento el pánico lo invadió. Se sentó con dificultad, jadeando, los ojos recorriendo